Aunque está envuelta en naturaleza, no estás aislado. Formas parte de una comunidad con rampa para desembarcar tu bote, muelle público para disfrutar del lago, senderos para caminar entre árboles, y ese estilo de vida que sólo quienes han vivido cerca del agua conocen: silencios largos, tardes lentas, noches estrelladas y una conexión con algo más profundo.
Aquí, el tiempo no se mide en relojes… se mide en memorias.
Y para que esa experiencia sea aún más especial, cuentas con la hospitalidad de Mayrene, mi Superhost. Alumna que se convirtió en socia en otros proyectos, ella aporta su increíble talento para el staging, la decoración y la hospitalidad, asegurando que cada detalle haga sentir a los huéspedes como en casa, rodeados de calidez y estilo.